Método inventado y desarrollado por el profesor Carcedo de Barcelona, la sofrología se define como el estudio de la conciencia humana, del ser en su entorno (de la raíz griega sos: espíritu en sentido psíquico, del alma, de la armonía, del equilibrio, y de logos: estudio).
Para adelgazar son utilizadas dos técnicas:
La técnica de Fleisher
Se persuade al paciente de que su exceso de peso es peligroso para su salud. Se le enseña que la obesidad es la causa más importante de la mortalidad (por hipertensión arterial, angina de pecho, diabetes, infartos...). A partir de que el obeso está convencido del peligro que entraña su ponderal sobrecarga, se le «sofroniza»:
«Respeto mi cuerpo, lo cuido para vivir» y él comprenderá la realidad de esta afirmación.
Después se le ayuda a analizar sus problemas de alimentación y a elegir, entre los que le gusten a él, alimentos sanos. Se tiene, pues, sus preferencias para poner al punto un programa alimenticio.
¡No se habla de régimen! Sería un error psicológico: el obeso en general, come para defenderse. Es necesario construir un sistema donde él sabrá que todas las nutriciones malsanas (grasas y azúcares) contrarias a su salud son verdaderos venenos. Se pasa en seguida al estado «sofrónico»: se le hace ver por autosugestión la imagen de sí mismo tal como será después de la cura de adelgazamiento.
Se le hace comprender, a fuerza de persuasión, que las grasas, pasteles, chocolates son veneno... veneno, veneno. ¿Será suficiente? No. Pero el paciente promete, se empeña en no tomar estos alimentos antes de haber telefoneado a su médico.
La técnica de Zlocker
Es un método de localización: liberando la mente sofrónicamente, hacemos percibir un órgano al enfermo. Se le hace «vivir» este órgano, se localiza el órgano.
En el caso de adelgazamiento se localiza la tiroides.
Salud y más salud
domingo, 20 de abril de 2014
jueves, 10 de abril de 2014
Diabetes y embarazo. ¿Qué hay que saber?
Con cierta frecuencia la diabética que queda
embarazada padecía una diabetes inestable o, más frecuentemente, la diabetes se
hace inestable durante el embarazo. También existe la posibilidad de desarrollar la enfermedad de la diabetes durante el embarazo. Es lo que llamamos la diabetes gestacional.
Es preciso recordar que la presencia de cetonuria en
una embarazada diabética no quiere decir que tenga una descompensación grave,
ya que la reunión de una glucosuria amplia, el consumo de glucosa por el feto
y los vómitos —unidos muchas veces a anorexia— producen fácilmente una cetosis
de ayuno. En ésta la glucemia no está elevada, o lo está moderadamente, y la
cetosis cede fácilmente a la administración de suero glucosado, con la
insulina que haga falta.
Como complicaciones frecuentes en la diabética
embarazada figuran:
- Las infecciones urinarias, que deben tratarse precoz
e intensamente (previo cultivo de orina y antibiograma).
- El hidramnios, que Queenan
y Gadov (1970) encuentran en el 25% de sus casos y que debe tratarse mediante aspiraciones de líquido amniótico, al tiempo que se mejora, en lo posible, la compensación de la diabetes.
-La preeclampsia,
con hipertensión de mínima y edemas, que indican la necesidad de establecer un
régimen muy pobre en sodio, administrar aiuréticos y usar los hipotensores oportunos,
al tiempo que se disminuye el aporte proteico de la dieta.
- La macrosomia fetal, que para nosotros es indicio de
que la diabética ha estado insuficientemente tratada durante la gestación.
La macrosomia se acentúa durante los últimos meses del
embarazo, ilegando a pesar los fetos 1.000 y hasta 2.000 g más de lo normal,
cosa que, evidentemente, dificulta el parto. El aumento de peso —y también de
tamaño— del feto se atribuye a la hiperglucemia materna, contra la cual reaccionaría
el páncreas fetal, hiperplasiándose y produciendo grandes cantidades de
insulina, que facilitarían la lipogénesis y el metabolismo tisular —no
olvidemos que la insulina es una hormona fundamentalmente anabólica— del feto.
Si la diabética ha sido bien tratada durante toda la
gestación, el parto debe ser normal y producirse espontáneamente. No obstante,
la frecuencia de macrosomia y de hidramnios hace que, muchas veces, el parto
sea difícil y prolongado, aumentando con ello la mortalidad perinatal. De ahí
que existan autores que preconizan la cesárea sistemática en las diabéticas. A
mi entender, la cesárea sólo está indicada cuando corre prisa terminar la gestación
por padecer la madre una nefropatía o una retinopatía graves (que se
intensifican durante ella); cuando hay una evidente macrosomia fetal, con
desproporción materno-fetal manifiesta, y cuando hay signo de sufrimiento
fetal. Como dato que nos informa sobre el bienestar fetal, parece muy útil
seguir desde el 7.° mes la eliminación de estriol. Según Kile, mientras la cifra de
eliminación diaria sea superior a los 12 mg, el feto no está en peligro,
mientras que si baja, agudamente, a menos de 6, existe claro riesgo para el
feto y debe procederse a la cesárea.
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