domingo, 20 de abril de 2014

La sofrología para perder peso

Método inventado y desarrollado por el profesor Carcedo de Barcelona, la sofrología se define como el es­tudio de la conciencia humana, del ser en su entorno (de la raíz griega sos: espíritu en sentido psíquico, del alma, de la armonía, del equilibrio, y de logos: estudio). Para adelgazar son utilizadas dos técnicas:

La técnica de Fleisher 

Se persuade al paciente de que su exceso de peso es peligroso para su salud. Se le enseña que la obesidad es la causa más importante de la mortalidad (por hiper­tensión arterial, angina de pecho, diabetes, infartos...). A partir de que el obeso está convencido del peligro que entraña su ponderal sobrecarga, se le «sofroniza»:

«Res­peto mi cuerpo, lo cuido para vivir» y él comprenderá la realidad de esta afirmación. Después se le ayuda a analizar sus problemas de ali­mentación y a elegir, entre los que le gusten a él, ali­mentos sanos. Se tiene, pues, sus preferencias para poner al punto un programa alimenticio. ¡No se habla de régimen! Sería un error psicológico: el obeso en general, come para defenderse. Es necesario construir un sistema donde él sabrá que todas las nu­triciones malsanas (grasas y azúcares) contrarias a su salud son verdaderos venenos. Se pasa en seguida al es­tado «sofrónico»: se le hace ver por autosugestión la imagen de sí mismo tal como será después de la cura de adelgazamiento.

Se le hace comprender, a fuerza de persuasión, que las grasas, pasteles, chocolates son vene­no... veneno, veneno. ¿Será suficiente? No. Pero el pa­ciente promete, se empeña en no tomar estos alimentos antes de haber telefoneado a su médico.

La técnica de Zlocker 

Es un método de localización: liberando la mente sofrónicamente, hacemos percibir un órgano al enfer­mo. Se le hace «vivir» este órgano, se localiza el órgano. En el caso de adelgazamiento se localiza la tiroides.

jueves, 10 de abril de 2014

Diabetes y embarazo. ¿Qué hay que saber?

Con cierta frecuencia la diabética que queda embarazada padecía una diabetes inestable o, más frecuentemente, la diabetes se hace inestable du­rante el embarazo. También existe la posibilidad de desarrollar la enfermedad de la diabetes durante el embarazo. Es lo que llamamos la diabetes gestacional.



Es preciso recordar que la presencia de cetonuria en una embarazada diabética no quiere decir que tenga una descompensación grave, ya que la reunión de una glucosuria am­plia, el consumo de glucosa por el feto y los vómitos —unidos muchas ve­ces a anorexia— producen fácilmente una cetosis de ayuno. En ésta la glucemia no está elevada, o lo está moderadamente, y la cetosis cede fá­cilmente a la administración de suero glucosado, con la insulina que haga falta.

Como complicaciones frecuentes en la diabética embarazada figuran:

- Las infecciones urinarias, que deben tratarse precoz e intensamente (previo cultivo de orina y antibiograma).
- El hidramnios, que Queenan y Gadov (1970) encuentran en el 25% de sus casos y que debe tratarse mediante aspiraciones de líquido amniótico, al tiempo que se mejora, en lo posible, la compensación de la dia­betes.
 -La preeclampsia, con hipertensión de mínima y edemas, que indican la necesidad de establecer un régimen muy pobre en sodio, administrar aiuréticos y usar los hipotensores oportunos, al tiempo que se disminuye el aporte proteico de la dieta.
- La macrosomia fetal, que para nosotros es indicio de que la diabé­tica ha estado insuficientemente tratada durante la gestación.

La macrosomia se acentúa durante los últimos meses del embarazo, ilegando a pesar los fetos 1.000 y hasta 2.000 g más de lo normal, cosa que, evidentemente, dificulta el parto. El aumento de peso —y también de ta­maño— del feto se atribuye a la hiperglucemia materna, contra la cual re­accionaría el páncreas fetal, hiperplasiándose y produciendo grandes canti­dades de insulina, que facilitarían la lipogénesis y el metabolismo tisular —no olvidemos que la insulina es una hormona fundamentalmente anabó­lica— del feto.

Si la diabética ha sido bien tratada durante toda la gestación, el parto debe ser normal y producirse espontáneamente. No obstante, la frecuencia de macrosomia y de hidramnios hace que, muchas veces, el parto sea difí­cil y prolongado, aumentando con ello la mortalidad perinatal. De ahí que existan autores que preconizan la cesárea sistemática en las diabéticas. A mi entender, la cesárea sólo está indicada cuando corre prisa terminar la ges­tación por padecer la madre una nefropatía o una retinopatía graves (que se intensifican durante ella); cuando hay una evidente macrosomia fetal, con desproporción materno-fetal manifiesta, y cuando hay signo de sufri­miento fetal. Como dato que nos informa sobre el bienestar fetal, parece muy útil seguir desde el 7.° mes la eliminación de estriol. Según Kile, mien­tras la cifra de eliminación diaria sea superior a los 12 mg, el feto no está en peligro, mientras que si baja, agudamente, a menos de 6, existe claro riesgo para el feto y debe procederse a la cesárea.